España, epicentro europeo de las emisiones por incendios forestales
Los incendios forestales que está atravesando España este 2025 han elevado las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera hasta niveles récord en las últimas semanas, según los datos del Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS), el servicio de la Unión Europea encargado de vigilar la composición de la atmósfera. CAMS utiliza observaciones por satélite para estimar la intensidad de los incendios y calcular las emisiones de carbono y contaminantes asociados, y con esa información elabora pronósticos sobre cómo el humo se dispersa y afecta a la calidad del aire.
En el verano de 2022, las olas de calor ya dispararon los incendios en la península ibérica. CAMS señaló entonces que España registraba las emisiones más altas de su serie histórica para esas fechas, con alrededor de 1,3 millones de toneladas de carbono liberadas solo entre junio y julio. Esa cifra equivale a unas 4,8 millones de toneladas de CO₂ y marcó un precedente de lo que estaba por venir.
La sorpresa llegó un año después, en marzo de 2023. Tradicionalmente, ese mes no figura entre los de mayor riesgo, pero CAMS detectó que España alcanzó sus mayores emisiones por incendios para un mes de marzo desde 2003, superando por un pequeño margen los registros anteriores. Asturias fue el epicentro de aquel episodio, con más de un centenar de incendios que quemaron once mil hectáreas en apenas una semana. La Comunidad Valenciana también vivió un gran fuego en Villanueva de Viver, con 4.700 hectáreas arrasadas. Ese episodio puso de relieve un fenómeno preocupante: los incendios se están desestacionalizando.
En 2025, el salto ha sido todavía más brusco. Durante buena parte del verano, las emisiones se han mantenido en torno a los valores medios de la serie, pero en apenas una semana, España pasó a encabezar la clasificación histórica de CAMS con el mayor total anual de emisiones por incendios desde que hay registros. La curva de emisiones acumuladas se ha disparado de manera casi vertical. A fecha de esta nota la superficie calcinada supera las 382.000 hectáreas, obligando a evacuar a miles de personas, interrumpiendo el tráfico ferroviario y cerrando carreteras. Además, la calidad del aire se ha deteriorado gravemente en la península, con concentraciones de partículas finas (PM2.5) muy por encima de los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud. El humo no se ha quedado en territorio nacional: ha alcanzado Francia, el Reino Unido y hasta Escandinavia.

Emisiones totales acumuladas estimadas de carbono por incendios forestales para España del 1 de enero al 18 de agosto de 2025 (línea roja) del Sistema Mundial de Asimilación de Incendios (GFAS) del CAMS. La línea negra es el promedio del período 2003-2024, y las líneas grises punteadas son las emisiones de cada uno de los años anteriores del 1 de enero al 31 de diciembre de cada año. Crédito: CAMS/ECMWF
Lo que muestran estos tres hitos —el verano extremo de 2022, el inusual marzo de 2023 y el salto histórico de 2025— es una tendencia inequívoca: los incendios forestales en España son más intensos, se producen en periodos más amplios del año y generan cada vez más emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos. Esto supone una doble amenaza: por un lado, agrava el cambio climático al liberar grandes cantidades de CO₂, y por otro, deteriora la salud pública al empeorar la calidad del aire.
El mensaje es claro, España está en la primera línea de un desafío climático que ya no puede considerarse puntual. Según la última edición del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero nuestros bosques absorben el 17% de las emisiones. La prevención, la gestión forestal sostenible y la adaptación de los territorios a las nuevas condiciones climáticas son pasos imprescindibles para reducir la vulnerabilidad de los bosques, y evitar así que se devuelva a la atmósfera todo el CO2 fijado por nuestras masas forestales.
