COP30: diez años del Acuerdo de París y el reto de acelerar la acción climática

La COP30, celebrada en Belém (Brasil) del 10 al 22 de noviembre de 2025, bajo el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ha vuelto a situar en el centro del debate internacional la necesidad de mantener vivo el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 ºC. En un contexto marcado por una creciente brecha entre los compromisos climáticos asumidos por los países y las emisiones reales, la cumbre ha subrayado la urgencia de pasar de los acuerdos a una implementación efectiva y acelerada de las políticas ya pactadas.

Según ha destacado Elena Pita, directora de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC), en diversos encuentros posteriores a la COP, la COP30 no ha alcanzado el nivel de ambición esperado en materia de mitigación. No obstante, la reunión ha puesto de manifiesto que el enfoque multilateral sigue siendo esencial para hacer frente al cambio climático y que el Acuerdo de París continúa siendo un marco válido y operativo, si bien resulta necesario reforzar y acelerar su implementación.

De los 198 países que integran la Conferencia de las Partes (COP), 195 estuvieron presentes, con la destacada ausencia de Estados Unidos. La COP30 marcó el décimo aniversario del Acuerdo de París, un hito que puso de manifiesto la magnitud del desafío pendiente. Los actuales compromisos nacionales de reducción de emisiones (NDC) conducirían a una reducción de los gases de efecto invernadero del 12 % en 2035, cuando la ciencia indica que sería necesario alcanzar reducciones cercanas al 60 %. Con las políticas vigentes, el aumento medio de la temperatura global se sitúa en torno a 2.8 ºC por encima de los niveles preindustriales, muy lejos del límite de 1.5 ºC establecido en París.

Aun así, y pese a que los avances resultan claramente insuficientes, la COP30 ha confirmado que sin el Acuerdo de París la situación sería mucho peor: las emisiones globales no solo no se habrían reducido, sino que habrían aumentado entre un 20 % y un 48 %. Este dato refuerza la importancia de preservar y fortalecer el marco multilateral, incluso en un contexto geopolítico complejo.

Resultados de la COP30 para los mercados de carbono y el Artículo 6

La COP30 también tuvo implicaciones relevantes para los mercados de carbono internacionales, en particular en torno a la aplicación del Artículo 6 del Acuerdo de París, que establece el marco para la cooperación entre países en comercio de emisiones y créditos de carbono a nivel global.

Entre los avances más significativos destacan:

  • Decisión de cerrar formalmente el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) heredados del Protocolo de Kioto para finales de 2026, lo que proporciona mayor claridad al mercado y permite concentrar esfuerzos en el nuevo sistema previsto bajo el Artículo 6.4, también conocido como Mecanismo de Acreditación del Acuerdo de París (PACM). Los fondos restantes del MDL se transferirán para apoyar dicho desarrollo y se ha ampliado en seis meses el plazo para que los proyectos existentes decidan si hacen la transición al PACM.
  • El Artículo 6.4 continuará en su trayectoria actual de aplicación, sin reabrir orientaciones que ya están establecidas, como: intentos de una normativa más explícita sobre el papel de los proyectos basados en la naturaleza; la supresión de la limitación de mandatos del organo de supervisión; o la creación de puertas traseras para los créditos forestales emitidos al margen de los procesos formales.
  • Se avanzó en mecanismos de rendición de cuentas para los acuerdos bilaterales del Artículo 6.2, que rigen el comercio bilateral de carbono entre países. Esto incluye la necesidad de proporcionar información más estructurada sobre los acuerdos bilaterales individuales y expectativas de mayor escrutinio de las incoherencias entre las normas y la práctica real.

El impulso a la cooperación internacional en mercados de carbono se reflejó también en iniciativas paralelas como la Coalición Abierta sobre Mercados de Carbono, lanzada en Belém con la adhesión de Brasil, China, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Chile, Alemania, México, Armenia, Zambia, Francia, Ruanda, Andorra, Guinea, Nueva Zelanda, Mónaco, Singapur y Noruega. Esta coalición busca establecer normas compartidas y conectar diferentes sistemas de comercio de créditos de carbono, con el objetivo de generar mayor liquidez, previsibilidad y transparencia en los mercados globales, frente a la fragmentación actual.

Asimismo la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono, creada por Kenia, Singapur, Reino Unido, Francia y Panamá con el objetivo de reforzar la demanda corporativa de créditos de carbono de alta integridad, recibió el respaldo de un gran número de paises.

Los resultados ponen de manifiesto que, aunque los mercados de carbono no fueron un eje dominante en el texto final de la COP30, se ha avanzado en claridad normativa y en la consolidación de mecanismos existentes, sentando bases para que estos instrumentos puedan contribuir de forma más eficaz al financiamiento climático y a la movilización de recursos hacia reducciones y absorciones de emisiones en los próximos años.

Conclusiones generales de la COP30

Uno de los aspectos más notorios de la COP30 ha sido la ausencia de una referencia explícita a los combustibles fósiles en la hoja de ruta final, pese a que este elemento figuraba en los primeros borradores del texto. La falta de consenso se debió al rechazo de muchos países, encabezados por estados productores de combustibles fósiles.

La cumbre de este 2025 llegaba tras la COP de Dubái en 2023, donde se acordó la necesidad de abandonar progresivamente los combustibles fósiles, impulsar las energías renovables, la eficiencia energética y el papel de los bosques, y después de la COP de Bakú en 2024, centrada en la financiación climática y en la relevancia de movilizar capital privado, poniendo de relieve que la transformación climática es una responsabilidad compartida por gobiernos, empresas y sociedad civil. En este contexto, la COP30 aspiraba a dar un paso más, avanzando hacia una hoja de ruta clara que marcara el camino a seguir, algo que finalmente no se ha logrado consensuar.

No obstante, la cumbre ha dejado avances relevantes en otros ámbitos. Entre ellos destacan los progresos en transición justa, la duplicación de la financiación destinada a adaptación, la puesta en marcha de un acelerador de la implementación de los compromisos y la aprobación de un mecanismo de transición justa, que sitúa a las personas y a los territorios en el centro de la acción climática. Este último ha sido uno de los resultados más valorados de la COP30, con el reconocimiento, por primera vez a este nivel, de la necesidad de integrar derechos laborales, diálogo social y protección social en las políticas climáticas, reforzando la dimensión social de la acción climática internacional. Asimismo, se han reforzado alianzas entre la Unión Europea y los países latinoamericanos más ambiciosos, con una visión compartida sobre la necesidad de elevar la acción climática.

La COP30 también ha evidenciado el papel creciente de la sociedad civil y de la juventud en las negociaciones climáticas, tanto en la presión para elevar la ambición como en la construcción de nuevas narrativas que acerquen la acción climática a la ciudadanía.

Como resultado final, se ha acordado que Brasil lidere en los próximos meses la elaboración de una hoja de ruta para la reducción progresiva de los combustibles fósiles y para la lucha contra la deforestación y la protección de los bosques, de cara a la próxima COP. Un paso relevante, aunque insuficiente, ya que esta hoja de ruta habría tenido un mayor impacto si hubiera formado parte del consenso alcanzado en esta edición.

En definitiva, el balance de la COP30 deja una sensación agridulce: se han registrado avances relevantes en ámbitos como la adaptación, la transición justa y la financiación climática, pero persiste una clara insuficiencia en materia de mitigación, especialmente por la ausencia de referencias explícitas a la eliminación progresiva de los combustibles fósiles en el documento final. La cumbre deja así un mensaje claro: el marco del Acuerdo de París sigue siendo imprescindible, pero el tiempo apremia y la brecha entre compromisos y realidad exige mayor ambición, mayor coherencia y, sobre todo, una implementación mucho más rápida de las políticas climáticas.