Aparte del aumento de la superficie forestal mediante plantación y cambios de uso del suelo, es posible aumentar la capacidad de acumulación de biomasa de los sistemas forestales ya establecidos mediante la aplicación de distintas propuestas de gestión (Gracia et al. 2005; Bravo et al. 2007, Carroll et al. 2012). En los epígrafes próximos se presenta una recopilación de algunas de las evidencias científicas sobre incremento de la capacidad de absorción asociada a las prácticas de gestión forestal. Es importante indicar que estas prácticas no son únicas para todas las especies, estructuras y estaciones, siendo necesario definir el modelo de gestión que para cada situación optimiza la fijación de carbono y computar la ganancia asociada en cada caso.

Claras

Las claras, entendidas como la reducción de la densidad de individuos de una misma especie, son la intervención selvícola intermedia fundamental en la gestión de los sistemas forestales. Entre sus objetivos deben mencionarse la reducción de la competencia, la mejora del vigor individual de los árboles, regular la composición específica, anticipar y maximizar la producción a final del turno, y aumentar el valor y dimensiones de los productos. Desde el punto de vista de la fijación de CO2 existen numerosas evidencias científicas de que aunque la clara supone una reducción del arbolado existente en el bosque, la aplicación de determinados esquemas de claras puede incrementar el total del CO2 absorbido por el bosque a lo largo del ciclo productivo. Como ejemplos de trabajos científicos a nivel nacional:

– Ruiz-Peinado et al. (2013) demuestran que en una plantación de P. pinaster de 60 años de edad en Fuencaliente (C. Real), la aplicación de un régimen de claras fuerte (en el que a lo largo de tres intervenciones a los 30, 40 y 55 años se ha reducido entre un 20-30% del área basimétrica) supone un incremento del carbono total absorbido (computando carbono en pie y extracciones) del 20% respecto de un régimen de gestión en el que no se aplican claras. En términos globales, el C total absorbido durante los 60 años por una hectárea de pinar aclarado asciende a 379,5 toneladas, por 317 toneladas de una hectárea de pinar sin intervenir.
– Resultados similares obtienen (i) Del Río et al. (2008) para P. pinaster en el Sistema Central, demostrando que un régimen fuerte de claras supone un aumento de 1 ton/ha en el CO2 absorbido cada año en comparación con una gestión sin intervenciones (ii) Montero et al. (2003), para pinares de P. sylvestris sometidos a claras fuertes respecto a tratamientos sin claras, (iii) Balboa-Murias et al. (2006) para plantaciones de P. radiata y P. pinaster en Galicia, donde detectan las mayores tasas de absorción de carbono con la aplicación de claras moderadas.

La respuesta no tiene por qué ser la misma para todas las especies y estaciones, dependiendo en cada caso de los umbrales máximos y mínimos de intensidad de clara que provoca pérdidas en la biomasa total a lo largo del ciclo. Sin embargo, lo anterior demuestra que un esquema determinado de claras sí que puede aumentar – al menos en algunas especies y estaciones – la capacidad fijadora de los sistemas forestales.

Estructura y composición de los sistemas forestales

No todas las especies forestales ni todas las estructuras de masa son igualmente eficientes en la absorción del CO2. En el caso de la composición específica, las coníferas fijan más carbono por unidad de biomasa que las frondosas (Ibañez et al. 2002). Asimismo, existen evidencias de efectos facilitadores, complementariedad de nicho y de reducción de competencia en masas mixtas (Pretzch y Schutze, 2009), lo que hace que aumenta su capacidad de fijación de carbono. Como ejemplos, se ha identificado una mayor fijación de biomasa en masas mixtas P. sylvestrisQ. pyrenaica que en masas puras de Q. pyrenaica (Bogino et al. 2006; Cañellas et al. 2008), o una mayor eficiencia de las masas mixtas de P. sylvestrisF. sylvatica frente a las masas puras en términos de productividad y fijación (Condes et al., 2013). En referencia a la estructura se ha identificado una mayor capacidad de absorción por parte de masas regulares frente a masas irregulares en pinares de P. pinea en la Meseta Norte (del Río et al. 2008).

De acuerdo a todo lo anterior, cualquier práctica selvícola (claras, fomento de una especie, densificación, diversificación de repoblaciones monoespecíficas, cambios en estructuras, plantaciones complementarias, etc) tendente a obtener una composición o estructura más eficiente de la masa en cuanto a la absorción de CO2 podría considerarse una práctica de interés.

Turno

La fijación de un turno de corta más o menos extendido puede tener efectos sobre el carbono absorbido por el sistema forestal (Bravo et al. 2008a). Al igual que en la producción maderable, existe un turno de máxima renta en biomasa para cada especie, que define la rotación óptima en términos de biomasa y fijación de CO2. Fijar turnos por debajo de este turno de máxima renta en especie puede conducir a reducciones en la capacidad de absorción, mientras que al alargarlo debe estudiarse la compensación entre la posible pérdida de biomasa fijada y la ganancia derivada de obtener productos de mayor vida útil. Como ejemplos citar la definición de turno y número de rotaciones óptimos para Eucalyptus globulus en Galicia (Díaz-Balteiro y Rodríguez, 2008) o para pinares de P. sylvestris y P. pinaster en el Sistema Ibérico (Bravo et al. 2008b).

El carbono presente en el suelo

Conocer y cuantificar cómo afectarán los cambios de vegetación consecuencia del cambio climático a los reservorios de carbono (C) y nitrógeno (N) del suelo es crucial para saber si los ecosistemas forestales españoles se comportarán como sumidero o como fuente de estos elementos en un contexto futuro de cambio global (McKinley & Blair, 2008). La respuesta global del suelo al clima es relevante habida cuenta de que puede dar al traste con los esfuerzos por aminorar el efecto invernadero mediante otro tipo de estrategias mitigadoras como las reforestaciones masivas de suelos previamente no forestados (Montagnini & Porras, 1998; Wen-Jie et al., 2011). La reforestación implica secuestro de carbono en la parte aérea de la vegetación pero a corto plazo no siempre se traduce en un aumento del contenido de materia orgánica del suelo (Pérez Cruzado et al., 2007; García et al., 2011), lo cual induce al escepticismo respecto a la utilidad de la reforestación para aumentar el stock de carbono edáfico. Dado que los suelos forestales son ricos en carbono, este escepticismo realmente no es justificable, pero es cierto que está ilustrando la lentitud de la dinámica del carbono edáfico, de manera que los efectos positivos de las actuaciones selvícolas sobre el carbono edáfico pueden necesitar décadas para ser detectables.

Decisiones de gestión como la elección de la especie a utilizar, en ámbitos en los que se pueda optar por más de una especie como especie principal como son las áreas ecotonales, implican significativos cambios en los stocks de C y N del suelo, así como en las emisiones de CO2. Díaz Pinés et al. (2010) han comprobado que los suelos de los pinares de Pinus sylvestris almacenan prácticamente el doble de C (unos 57 Mg C ha-1 en los primeros centímetros del suelo mineral) que los suelos de los vecinos rebollares. Valores de los stocks de C de los suelos de estos pinares que se hallan en consonancia con los valores medios de los suelos de coníferas de toda España (56 ±1 Mg ha−1; Chiti et al., 2012). Sin embargo, de cara a la toma de decisiones considerar únicamente los valores de los stocks es un procedimiento incompleto. Del mismo modo que en la gestión selvícola puede ser relevante discurrir sobre la vida útil de los productos forestales, desde el punto de vista del C presente en los suelos es muy relevante considerar la estabilidad física de la materia orgánica del suelo. Así, a pesar del anteriormente citado mayor stock de C en los suelos de los pinares, la estabilidad de la materia orgánica es claramente inferior a la de los suelos de los rebollares (Díaz-Pinés et al., 2011). Una gestión que favorezca al pinar frente al rebollar podría contribuir a aumentar la capacidad de secuestro de los suelos, pero bajo formas de materia orgánica que podrían no ser almacenadas durante mucho tiempo.

Contabilización del ciclo de vida útil de los productos forestales

Un aspecto independiente a considerar es el efecto que la gestión puede tener sobre el ciclo de vida de los productos forestales. Al aplicar una clara se obtienen productos finales de mayores dimensiones, a los que se les espera una vida útil más larga, y por tanto, un mayor tiempo de retención y fijación del carbono. En ese sentido, para productos como madera estructural se fijan periodos medios de vida de 50 años, madera para chapa o ebanistería se fijan periodos medios de vida de 40 años, para muebles de cocina y hogar entre 15 y 25 años, para palets y embalajes 6 años, pastas celulósicas 2,8 años y uso energético 1,7 años (Lizarralde et al. 2008; Fortin, 2012). Esto implica que cualquier medida de gestión orientada a obtener y utilizar productos madereros de mayor calidad es responsable de un aumento de la absorción y fijación de CO2. Un demostración científica a largo plazo del efecto positivo de la gestión forestal sobre el carbono absorbido en el bosque y los productos, aplicado al monte “Pinar Grande” puede encontrarse en Lizarralde et al. (2008)

Otras prácticas

Otras prácticas que pueden estar asociadas al aumento de la capacidad de absorción de CO2 por los sistemas forestales pueden ser el control de enfermedades y plagas, la mejora del estado nutricional de los sistemas forestales (fertilización), la selección y uso de genotipos y variedades más eficientes en la captación de CO2 y la correcta gestión de los restos de corta (Gracia et al. 2005). Asimismo, cualquier práctica orientada a la perpetuación del sistema forestal mediante la regeneración natural del mismo transcurrido su ciclo vital (cortas de regeneración) debiera también ser considerada.

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